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Septiembre

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La siguiente es la undécima parte del diario de planificación de María. María nos comparte sus pensamientos y experiencias durante su último año en la secundaria y su primer año en la universidad.

La tarde de hoy es lluviosa. Un viento helado hace que hojas rojas y amarillas den piruetas por los aires—señales de que el otoño ya comienza. Desde la ventana de mi cuarto en Canaday Hall, diviso a los demás dormitorios de estudiantes de primer año, la iglesia y los adolescentes que van y vienen inmersos en la charla más emotiva.

Al fin me encuentro al otro lado de las puertas de Harvard, y pareciese como si toda mi vida me hubiese estado preparando para este momento. Hace alrededor de dos semanas que dejé Miami. Para ser honesta, nunca esperé que el instante de decir "adiós" fuera tan difícil. Por lo menos vería a mis padres un par de días después, cuando vinieran a ayudarme a organizar mi dormitorio y para asistir a la ceremonia de inauguración, pero tendría que esperar hasta noviembre para ver a mi hermana durante los cuatro días de vacaciones para celebrar el Día de Acción de Gracias.

Ella acaba de comenzar la secundaria en una institución muy rigurosa, y me duele que yo vaya a estar ausente en uno de los periodos más importantes de su vida. Hemos sido mejores amigas y compañeras de cuarto y se que nuestra separación, aunque bien justificada, será ardua de sobrellevar. No obstante, para ser franca, no he tenido mucho tiempo para extrañar. Desde el segundo que puse pie en Cambridge, las actividades no han cesado dándome la oportunidad de adaptarme mucho más rápido a la vida universitaria. Durante la primera semana participe un programa de orientación llamado "Dorm Crew", el cual emplea a estudiantes de primer año en trabajos de limpieza. Ya que todos los miembros fueron hospedados en el mismo edificio temporalmente pudimos interactuar muchísimo lo que creó lazos de amistad que espero solo se solidificarán en los cuatro años que nos quedan aquí. Ahora me alegro de haber llegado a la escuela una semana antes que la mayoría.

En el transcurso de esos días me dispuse a conocer el vecindario y a descubrir restaurantes, bibliotecas y centros comerciales. También pude familiarizarme con la universidad al explorar aulas, comedores y hasta las viviendas de los estudiantes de cursos superiores en la ausencia de la locura que trajo consigo el arribo del resto de la clase. El mejor aspecto de Harvard, en mi opinión, es el grupo tan diverso de estudiantes. En este breve tiempo he conocido a personas provenientes de todo ángulo cultural, étnico, económico, político y hasta religioso. Mi dormitorio es quizás uno de los mejores ejemplos. Comparto una suite con cuatro chicas—estudiantes de nacionalidades portuguesa, asiática, afro-americana, y griega—cada una única de por sí. En Harvard, una puede solicitar vivir en una residencia muy diversa y esto es algo que recomiendo altamente si le dan la oportunidad. Abrirse a nuevas personas y situaciones es una decisión enriquecedora y los años universitarios son el mejor momento para hacer esto. Así, uno estará participando activamente en una experiencia educativa al dejar el área de confort y vivir rodeado de lo que antes era extraño.

He llegado a entender que la mayor parte del aprendizaje toma lugar fuera del aula y habrá bastante durante los próximos cuatro años. Ahora que finalmente estoy aquí, estoy contenta de no haberme dedicado a una sola pasión o interés en el preuniversitario. Aunque al final hay que concentrarse en un área especifica en una universidad de artes liberales, existe la expectativa de que uno reciba instrucción en una amplia gama de asignaturas, para ser "eruditos" en todo el sentido de la palabra. Muchos estudiantes vienen de la secundaria muy decididos en cuanto a su especialización y se vuelven ansiosos o frustrados cuando se interesan en otra disciplina o pierden interés en la especialización que originalmente les llamaba la atención. Los consejeros nos han dicho que debemos mantener cierta flexibilidad con respecto a la elección de materias. Ellos recomiendan explorar varias áreas de interés para nosotros, seleccionar clases que cumplan con los prerequisitos y que podamos disfrutar y no simplemente tomar solo los cursos que cumplen los requisitos de la especialización que tenemos en mente.

Ya que la universidad puede ser bastante estresante, me estoy asegurando que mi rutina incluya mucho más que las actividades académicas. En el preuniversitario, fue esencial combinar lo académico con lo extracurricular. Este equilibrio ayudó a prepararme para la universidad y tengo la intención de continuar con el mismo equilibrio en la universidad.

Ya he asistido a una feria de actividades y me uní a varias organizaciones estudiantiles, las suficientes para estar activa y a la vez no dejar a un lado los deberes escolares. A veces uno puede atormentarse en la universidad con todos los cambios y la libertad recién descubierta. Si una olvida concentrarse en sus prioridades, meterse en problemas puede llegar a ser inevitable.

Pero a pesar de todos los cambios y esta nueva independencia, no podría estar más feliz acerca de mi decisión de venir a Harvard y dejar el calor del hogar. Se me ha entregado un pasaporte al mundo; en los próximos cuatro años quién sabe a quien conoceré, en qué trabajo académico participaré, cuánto creceré y aprenderé. Me siento impaciente por descubrirlo . . . 



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