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A continuación presentamos la tercera parte del diario de planificación universitaria por María. María nos comparte sus pensamientos y experiencias durante su último año en la secundaria y su primer año en la universidad.

El final del primer semestre está a la vuelta de la esquina. Con la cercanía de los exámenes parciales, solicitud de becas y notificaciones de ser aceptación por universidades, es imperativo que lleve a cabo la organización y planificación necesaria para mantener todo bajo control. He podido darme cuenta de la facilidad con la cual puede surgir el caos cuando dos manos y 24 horas ya no son suficientes.

Estoy un poco más aliviada después de haber concluido mi solicitud de ingreso a la Universidad de Harvard. Les cuento que este proceso terminó hace sólo unas horas mientras me entrevistaba Pamela, una antigua alumna de la escuela. Con la entrevista, consideré terminado este capítulo mientras me preparo para esperar ese correo electrónico del 15 de diciembre, aquel que traerá noticias de que he sido aceptada, que estoy en una lista de espera o que me han rechazado.

La semana pasada Pamela, la antigua alumna, me llamó para explicarme que la oficina de ingresos de Harvard generalmente pide a los que se han graduado y que viven cerca de los candidatos que entrevisten a los mismos. Aunque no todas las universidades requieren que se lleve a cabo una entrevista, ésta puede ser ventajosa para el estudiante. De la misma manera en que el comité de ingreso se beneficia al averiguar la autenticidad del carácter descrito a través de las composiciones y carta de solicitud de ingreso del futuro alumno, la entrevista también da a los estudiantes la oportunidad de demostrar cómo y por qué llegarían a ser de gran valor para la institución.

Ésta era la primera vez que iba a ser entrevistada y mientras más se acercaba el momento, más aumentaba mi nerviosismo. Para prepararme decidí pedir consejo a otros estudiantes quienes ya habían sido entrevistados por una universidad Ivy League. Les pregunté sobre las formalidades de la entrevista, las preguntas que seguro me harían, etc. También me aseguré de tener una idea general de sucesos actuales de importancia por si acaso me pedían dar mi opinión sobre algún tema. Algo que olvidé fue preguntarle a Pamela si quería que llevara mi currículum vitae; a lo mejor esto hubiera sido ventajoso.

El día de la entrevista me aseguré de llegar con bastante tiempo de antelación para la cita a las cinco de la tarde. Cuando vi a Pamela salir de su casa para recibirme desaparecieron por completo todas las ideas que me había hecho de ella y de la entrevista en si. Su sonrisa y apariencia despreocupada me hicieron sentir muy cómoda; las cosas adquirieron un tono aún más relajado cuando Pamela ¡SE QUITO LOS ZAPATOS! No hay duda de que la entrevista era mucho más informal de lo que había anticipado. Pamela comenzó preguntado cosas muy generales con el propósito de familiarizarse con los detalles más importantes de mi vida, ya que la única información que los antiguos alumnos reciben es el nombre y escuela del candidato.

Mientras hablaba, trataba de demostrar confianza y pronunciar las palabras claramente pues a veces cuando me pongo nerviosa tiendo a hablar a velocidad extrema y esto, junto con mi acento cubano, puede llegar a ser un verdadero problema. Pamela hizo otras preguntas sobre trabajos voluntarios, experiencia laboral, actividades de verano, pasatiempos y libros que me interesaban. He de confesar que me había hecho la idea de que preguntaría más sobre mi interés en Harvard y sobre qué cosas creía yo que me hacían buena candidata para que me aceptaran. Solo después de haberle preguntado sobre sus propias experiencias en la universidad fue que pude darle a conocer mis opiniones al respecto. Tenía muy claro que lo importante era ser yo misma.

Me di cuenta de que la entrevista puede traer más problemas que beneficios ya que una buena entrevista no determinará si te aceptan o no en la escuela, pero signos de arrogancia o inmadurez sin duda afectarán al estudiante. La clave del asunto era ser capaz de controlar la situación y no dejar que los nervios me controlaran. Pues aquí estoy entonces marcando el calendario y con fe en que todo se podrá dar.

De todas formas, en el tiempo restante, debo mantenerme ocupada. Estos últimos días los he pasado volviendo loca a mi consejera en busca de becas.

Hay tantas buenas que estoy tratando de reducir la lista y solicitar sólo las más importantes. Ya que la mayoría te pide que escribas una composición sobre los obstáculos a los cuales te has enfrentado, he decidido escribir una composición inicial que después puedo modificar para cada beca. Lo mismo he hecho con las cartas de recomendación para la universidad al pedirles a mis maestros que sólo cambien el nombre y dirección del recipiente en cada carta para ahorrarles tiempo. Ha llegado el momento en el que hay que ser sobre todo práctico. Últimamente, también he estado tratando de completar las solicitudes al resto de las universidades que me interesan.

Aunque primero había pedido la solicitud impresa a cada una, ahora estoy pensando mandar la solicitud vía Internet para beneficiarme de los descuentos que este método provee. Al principio me sentía algo inquieta por el hecho de mandar mis documentos "online" pues temía que se perdieran de alguna forma y prefería pagar una suma extra por la correspondencia más segura. No obstante, estas solicitudes de ingreso han sido algo más caras de lo que había pensado. Mandar una cuesta un promedio de sesenta dólares además del dinero extra que hay que pagar al mandar notas y perfiles financieros. Al aplicar online uno recibe un descuento de diez dólares aproximadamente. Si esta cantidad se multiplica por el número de escuelas a las cuales estoy enviando solicitudes de ingreso, el producto definitivamente justifica considerar enviarlas en línea.

La ventaja de enviar solicitudes a tantas escuelas distintas es que uno tiene la oportunidad de comparar muchas ofertas de ayuda económica y de visitar las universidades para poder escoger aquella que más se adapte a la personalidad e intereses académicos de uno. Yo no quería comprometerme con una escuela a través del programa Early Decision (Decisión Temprana), el cual, si uno es admitido, lo obliga a asistir a dicha universidad. Las aplicaciones Early Action y Regular Action (Acción Temprana y Regular) son mucho más convenientes. La primera dicta que uno presente la solicitud de ingreso a la escuela que mas le guste alrededor del primero de noviembre y reciba una respuesta a mediados de diciembre. Lo beneficioso de este proceso es que, si acaso lo ponen a uno en lista de espera, la solicitud se reevalúa conjuntamente con aquellas "Regular Action" y, si lo aceptan, uno tiene la oportunidad de aceptar o rechazar la oferta de la universidad. Solo se puede solicitar ingreso a una universidad a través del proceso "Early Action" y yo lo solicité a Harvard. Por lo general, sólo las universidades con procedimientos más selectivos ofrecen ingresos por medio del proceso "Early Decision" y "Early Action". En cambio, a través de "Regular Action" la aplicación solamente se evalúa una vez, la fecha límite para aplicar es generalmente a principios de enero y se puede presentar la solicitud de ingreso a tantas universidades como uno desee. Con todo esto de las universidades, tengo que ser muy responsable y no dejar que se afecten mis clases, ya que éstas todavía son mi prioridad.

Aquí en Miami todavía se sienten las huellas del huracán Wilma mientras que tratamos de cubrir todo el contenido del curso antes de los exámenes parciales. Esto ha motivado a los maestros a darnos muchísimo trabajo, tanto que me pregunto si se han olvidado de que tenemos otras cinco clases para las cuales también hay cantidad de deberes. La gran cantidad de deberes y pruebas asignadas por los maestros me está dejando exhausta. Normalmente, nunca puedo acostarme antes de las dos de la madrugada después de haber estudiado ininterrumpidamente por más de seis horas. Bueno, que se le va a hacer.

Ya por suerte están llegando las vacaciones de Acción de Gracias y de Navidad y estoy más que lista para disfrutar mi muy merecido descanso. He de confesar que después de haber experimentado un fin de semana de vida universitaria, ya casi no puedo aguantar la vida preuniversitaria.



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